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 Cómo abordar el universo narrativo de “El Eternauta”.

Debo confesar que no soy un lector de comics. O al menos no lo era. Tampoco me considero un amante del cine, pero sí de la literatura. Me fascina sumergirme en los mundos ficcionales que crean los escritores, a quienes considero mis interlocutores. Me gusta tener la libertad de interpretar distintos aspectos a mi modo, dotar de características físicas y emocionales a los personajes que apropio y quedarme pensando, cuando las tapas del libro se cierran, “qué pasaría si…”

Así que hasta hace poco tiempo creía que el comic condicionaba en cierta manera esa libertad que tenía de imaginar los personajes, espacios, acciones y demás. Pero me equivoqué. Cuando leí “El Eternauta” me econtré con uno de los mundos narrativos más ricos y coherentes que, a diferencia de otros con los que me había topado, tenía un factor extra: la cercanía.

No sólo hallé un argumento interpelador en un contexto familiar: una invasión extraterrestre que tiene epicentro en Vicente López, aquel barrio porteño que he caminado más de una vez, y el trasfondo político e histórico que todos conocemos. Sino que me atrapó la dinámica de la acción -expresada a través de la fusión de texto e imagen-, el conflicto, los personajes, su ética y patrones de comportamiento.

Primeros cuadros de “El Eternauta”

Por ésta y otras razones que expondré en próximos posteos, la investigación que estamos proyectando hará hincapié en el concepto construcción de mundos (worldbuilding) pues entendemos que el mismo permite dar cuenta de una serie de características presentes en la obra “El Eternauta” que, a nuestro entender, son las que posibilitan la expansión de la narrativa tal como será descrito en su momento.

En su libro Convergence Culture, Henry Jenkins plantea que “la narración transmediática es el arte de crear mundos” y, según expone, los consumidores asumen el papel de “cazadores y recolectores” persiguiendo fragmentos de una historia a través de diversos canales mediáticos, intercambiando impresiones y colaborando para garantizar que el tiempo y esfuerzo se traduzca en una experiencia inmersiva. En una entrevista reciente realizada por Carlos Scolari, el autor afirma justamente que “el transmedia lo crea la gente que busca y reconstruye piezas de información”.

Avancemos en la definición del concepto. Las expertas en videojuegos de la IT University de Copenhagen, Klastrup y Pajares Tosca, se refieren a los mundos transmediales (transmedial worlds) como “sistemas abstractos de contenido a partir de los cuales un repertorio de historias de ficción y personajes puede ser actualizado o derivado hacia una variedad de formas mediáticas”. Esto es lo que observamos en el caso de la obra de Oesterheld, ”El eternauta” consta de un mundo que ha permitido la expansión de la narrativa más allá del canon.

Según expone Jenkins, parafraseando a un director de cine, antes se contaba una historia, luego se creaba un personaje que podía sostener múltiples historias y hoy se crean mundos para sostener múltiples historias y personajes a través de múltiples medios. Para ello, los mundos transmediales deben poseer un gran nivel de complejidad y detalle que, según las autoras antes citadas, depende de tres componentes: el mythos, ethos y topos, que definiremos más adelante para el caso de “El Eternauta”. En síntesis, el mundo debe tener un argumento sólido, que involucra unos personajes con determinada ética y códigos de comportamiento, y cuya acción y conflicto se desarrolla en un contexto espacio-temporal concreto.

Esta idea de mundo tiene similitudes con la definición de lo que es una obra de culto, desarrollada por Umberto Eco. El escritor y filósofo italiano plantea que para ser de culto, la obra debe llegar a nosotros como un “mundo completamente equipado, de suerte que sus fans puedan nombrar personajes y episodios como si fueran aspectos del mundo sectario y privado”. Además, ha de ser “enciclopédica” y contener un “repertorio de informaciones que puedan ser enseñadas, practicadas y dominadas por los consumidores devotos”. Es decir que la obra debe proporcionar todos los recursos para que los consumidores puedan emplearlos en la construcción de sus propias fantasías: “Para transformar una obra en un objeto de culto [afirma Eco], hay que ser capaz de romperla, dislocarla, desquiciarla para poder recordar sólo partes de ella, al margen de su relación original con el todo”.

Recapitulando, se trata de estructuras narrativas complejas que soportan múltiples personajes e historias que no sólo pueden ser desarrolladas por los productores a través de diverso medios y lenguajes, sino por los consumidores o, mejor dicho, los prosumidores. En este sentido, Jenkins aborda el fenómeno de los fans, aquellos devotos que asumen el papel de “cazadores y recolectores” para obtener una experiencia inmersiva en la historia y tienen la capacidad de expandir la narrativa (fanfiction) y configurar un mundo de su propiedad dentro del mundo transmedial de la historia original (fandom).

Los Ellos

Gráfica de Los Ellos. Compilado en homenaje a “El Eternauta”. Disponible en https://losellos.bandcamp.com/

La investigación que estamos llevando a cabo pretende describir los elementos de este mundo y reconocer las expansiones narrativas más significativas desde 1957 a la fecha: las precuelas, secuelas y el desarrollo de historias de otros personajes en formato de historieta y a través de otros medios, como la radio, el teatro e internet; la apropiación que hacen diferentes grupos de la figura del Eternauta; historias inspiradas en la historieta; las comunidades que discuten e interpretan la obra; las adaptaciones, instalaciones y otras narrativas de diversos autores que circulan en diferentes formas mediáticas.

Con fines metodológicos, para la presentación formal de la tesis se abordará una expánsión por medio y lenguaje, pero la instancia de producción incluirá una web en la que, con el tiempo, se dará cuenta de otras expansiones del universo narrativo de “El Eternauta”.

A través de este proceso se busca reconocer las dimensiones transmediáticas de “El Eternauta” e identificar de qué modo circulan los contenidos, que han pasado de una historieta impresa en una revista a formar parte de diversos niveles de nuestra cultura.

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